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Salir con chicas que no leen / Salir con chicas que leen

Salir con chicas es, bueno, un fenómeno que marca la vida de muchos jóvenes en la sociedad occidental actual. Es tan importante que se produce un grandísimo número de películas, obras de teatro, programas de televisión, manuales de seducción, novelas y poemas que giran en torno al tema. Si eres un hombre, sabes perfectamente de lo que estoy hablando. Si eres una chica, y sobre todo si eres bonita, deberías de comenzar a darte cuenta de los efectos que tiene tu personalidad y tu apariencia sobre todos los hombres con los que convives a diario.


Lo cierto es que, como hombre, es muy probable que el tipo de chica con el que decidas salir tenga un fuerte impacto en tu futuro, en cuanto a felicidad, desarrollo personal, relación con la sociedad, etcétera.

Hace no mucho, Iker y yo leímos el artículo que les compartiremos a continuación. La verdad es que nos ha gustado bastante, y sabemos que a ustedes también les gustará. 

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Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. 

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. 

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. 

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. 

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. 

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat yAslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

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Publicado originalmente en: http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904

Retratos en el café - Fade In: Nothingman

Shadows are falling and I'm running out of breath. Keep me in your heart for a while.

Solo. Entre muros. Una sola puerta. Invierno. Fade in. No escribo las palabras correctas, porque no puedo. Fade fucking in. Humea el café. Humea el cenicero. Se encierra la mezcla de ambos olores y me envuelve, sin asfixiarme. Me abraza. Pero el café no es fuerte, no lo suficiente. Whisky. Doble. Un poco más. Fade fucking in. (Walks on his own...) Palabras sin sentido en la hoja. La máquina de escribir es un sinsentido; el escritor es un sinsentido obligado a retratarse en palabras, símbolos, signos, significados. Más Whisky, más café. Tu recuerdo. (With thoughts he can't help thinking) Keep me in your heart for a while.

How I wish you were here. We're just two lost souls swiming in a fish bowl, year after year. How I wish you were here. (Caught a bolt' a lightning'...) Te dejo escapar poco a poco, mujer (Cursed the day he let it go...). Solamente el eco de tu voz permanece. Estático. Quiero tocarlo, sentirlo, domarlo, beberlo, EMBRIAGARME (And he who forgets is destined to remember). Wish you were here. ¿Y qué escribo? ¿Qué retrato si no me encuentro?

"Somos distancia". ¿Lo somos? (Nothingman) Palabras sin sentido (Nothingman). Más Whisky en el café. De nuevo. Fade in. Tú y yo no somos distancia porque ahí estoy. Ahora mismo, mujer. Sometimes when you're doing simple things around the house, maybe you'll think of me and smile. Keep me in your heart for a while. ¿Cómo va a haber distancia si no nos podemos separar? You know I'm tied to you like the buttons on your blouse. Keep me in your heart for a while.

Recuerdos imborrables (Could have been something). Éramos la tormenta perfecta (Nothingman). Keep me in your heart for a while.

"Tal vez nunca leas esto. Probablemente no tenga el valor de verte de nuevo. (Some words when spoken...) No sé decir perdón, no sé disculparme ni conmigo mismo. No he querido lastimarte. Eres la perfección que todos buscan a lo largo de su vida. Si de algo vale, perdóname. (...Can't be taken back). Nunca voy a poder dejar atrás todos los recuerdos, y nunca podré dejar de agradecerte cada una de las cosas que hemos pasado juntos. No podré encontrar en ningún rincón del planeta un sentimiento como el que me causa mirarte, tocarte. (Isn't it something? Nothingman). Nada puede ser igual después de esto.

Quiero que si alguna vez me recuerdas puedas sonreír. Yo no puedo evitarlo. Sale de mí esa sonrisa natural que acompaña una lágrima. Los caminos diferentes son malditos. Pensar que no te volveré a ver me está matando, y quizás cuando despierte me quiebre y me arrepienta de haber dejado a la deriva esta carta, esperando que algún día la leas. Porque las cosas que deben pasar suceden de una manera u otra. (Isn't it something? Nothingman).

Angie, no hay heridas que no nos marquen. No hay heridas que no se pueden curar".

Más Whisky. No veo ya claro. Enciérrame, soledad. Fade in. Fade out. (Nothingman).

(Oh she won't feed him... after he's flown away).

Delirio

Todo era oscuro. Muy oscuro.


Ya estaba acostumbrado. Finalmente, eran mis paseos nocturnos los que permitían que no me volviera loco. Pensándolo bien, eran lo que evitaba que le hiciera caso a mis impulsos y terminara durmiendo dentro de una doncella de hierro. Esa noche se cumplía un mes desde que me dedicaba a deambular por la ciudad al ocultarse el sol.

Caminaba bajo la banqueta, pero lo suficientemente cerca como para subirme a ella en caso de que un coche viniera de frente. Mis paseos nocturnos usualmente consistían en caminar la calle Boundary a todo lo largo, para luego doblar a la derecha en Miskatonic Avenue, caminar unas cuantas cuadras y finalmente llegar a mi destino: el cementerio Christchurch. El cementerio de Arkham.

Esa noche, sin embargo, decidí iniciar mi recorrido por la calle Church, pasando la Universidad de Miskatonic por detrás. Ya había escuchado los rumores de la posesión nocturna sufrida por Walter Gilman en ésta misma calle. Sin embargo, yo nunca había creído en los oscuros relatos que rodean la vida diaria de los habitantes de Arkham. 

Así que, salí de casa y emprendí el recorrido. El cielo nocturno que observé al voltear la cabeza hacía arriba era justo lo que esperaba: el clásico cielo nublado de Massachusets. Me sorprendió ver que a veces la luz de la luna lograba colarse entre las nubes. Luna llena.

Fue justo antes de llegar a la Iglesia de Cristo cuando caí en cuenta de que no llevaba ninguna flor. Y yo siempre llevaba una flor. No podía ir a visitarla sin una, debía hacer algo rápido.

Recordé que siempre llevaba un cuchillo en el bolsillo. Rápidamente busqué en los alrededores por una flor, o al menos algo que se pareciera a una. Logré ver algo un poco más atrás de la calle Church, justo en la esquina de la Universidad de Miskanotic. Corrí y vi que era una rosa muy hermosa. Corté el tallo con mi cuchillo y la llevé conmigo.


Seguí mi recorrido. Las estrellas me decían que la noche ya no era tan joven, y aún quedaba un largo camino que recorrer. Odiaba Arkham. Odiaba todo lo que me recordara a ella, y Arkham lo hacía. La melancolía se hacía presente en mi vida diaria, acompañada por un par de cuadros de depresión y una vida que yo describiría como una constante agonía. Hace un mes que ella murió, y que sigo esperando a mi muerte. Hace un mes que una bestia de plumas negras, arrojada por la tempestad, vació su alma en las palabras "nunca más", haciéndome entender que ni la más demoniaca magia la traería de vuelta. Haciéndome entender y, sobre todo, haciéndome llorar.


Absorto en mis melancólicos pensamientos fue que llegué a Peabody Avenue, donde doblé a la derecha. Esta calle se encontraba un poco más iluminada, y esto me molestaba. Había una taberna donde los ciudadanos venían a ingerir diversos tipos de veneno hasta embriagarse. Pasé la taberna de largo, enfurecido por la asquerosa música de moda que llegaba a mis oídos. Más adelante me topé con un grupo de borrachos. Me asqueaban. Siempre he sentido una gran repulsión hacía los miembros de la sociedad que no hacen más que estorbar con su misma existencia. Seres insignificantes que bien podrían merecer la muerte a manos de la tuberculosis. Evité el contacto con estos hombres, no sin antes hacerles sentir el repudio a través de mi mirada, y finalmente llegué al cementerio Christchurch.


Me encontré parado frente a su muralla de piedra de 8 pies de alto. Habría saltado la muralla para ahorrar tiempo, pero algún obtuso colocó púas sobre ella para impedir que alguien realizara éste acto. Tuve que caminar hasta el final de Peabody Avenue para encontrarme con la entrada. Observé el letrero que tenía escrito: "Cementerio Christchurch: Ingreso únicamente por la entrada principal. Abierto todos los días de 7 AM a 6 PM".

Estaba cerrado. O al menos debería estarlo. Hace tiempo me di cuenta de que el cuidador del cementerio era un inepto, y nunca cerraba la puerta correctamente cuando partía. El cementerio se mantenía abierto a cualquier hora de la noche. aguardando a ser visitado por un ser decaído como yo.

Sin más demora, empuje la reja hacia delante e ingresé al cementerio. La primera vez que vine, siendo un niño, salí totalmente traumatizado. En 1905 hubo una epidemia de tifoidea, causando una sobrepoblación en el cementerio. De noche no se notaba, pero durante el día podía encontrar restos de cuerpos sin embalsamar a donde sea que volteara. A veces tropezaba con algún cráneo a medio devorar por los gusanos, pero finalmente a todo se acostumbra el humano.

Todo era oscuro, y me encantaba. Caminé entre las tinieblas y los gusanos hasta llegar a un pequeño monte, sobre el cual aguardaba mi destino. Subí y llegué a la lápida de la difunta Annabel... Mi amada Annabel Lee.

La inscripción de la lápida decía: "Amó con un amor que era más que amor", y no podía ser más cierto. Annabel no vivía con otro pensamiento más que amar y ser amada por mi. Por eso, desde que murió el primero de marzo, no he parado de venir cada noche y recostarme junto al sepulcro de mi amada.

¿Desde que murió?


Era la medianoche del primero de marzo, y yo llegaba a casa después de haber descubierto rastros de una tribu vudú cerca de las Everglades de Miami. Era una tribu muy extraña, cuyas costumbres serán relatadas en otra historia, en otro tiempo. Recuerdo haber visto varias fotografías de sus ritos. Sin embargo, lo que me había llamado la atención era la figura de apariencia pulposa que observaban. En el instante en que saludé a Annabel, comencé a oír extraños sonidos en mi mente. No estoy muy seguro de que hayan sido sonidos... Más bien era una percepción extraña que sólo mi imaginación podía interpretar como sonidos. No importa. Esos "sonidos" hicieron que tomara mi paraguas y lo usara para matar a Annabel. Matarla de una manera hermosa, sublime.

Hice que pareciera que ella había cometido suicidio. Sin embargo, nadie me creyó. Mucha gente intentó asesinarme, incluso hubo quienes propusieron que se me practicara un exorcismo. Para mi fortuna, fueron los policías quienes me atraparon primero. Intentaron condenarme, pero el juez me sentenció a pasar varios años en un manicomio al llegar a la conclusión de que estoy terriblemente loco. Y tal vez lo esté.

Desde aquel entonces, escribo estos versos en el papel de baño que me permiten usar en el manicomio. Espero el día en que Cthulhu al fin despierte, y que, dentro de su ominosidad, la no-vida cobre su verdadero significado. Lo espero desde mi celda, en donde Arkham sólo existe porque yo quiero que exista. En donde podría matarte si yo quisiera.

Justo como lo hice con ella. Era demasiado hermosa... Incomprensiblemente hermosa.

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Sí te gustó el texto, recomiendo ampliamente que leas los poemas "The Raven" y "Annabel Lee" de Edgar Allan Poe, así como el cuento corto "The Call Of Cthulhu" de H.P. Lovecraft, ya que el texto fue fuertemente influenciado por esas obras.

perder la razón ?

No sé qué título ponerle a esta cosa, pero debe llevar uno... de todas formas no le hagan mucho caso, (se aceptan sugerencias jaja).

En realidad hace algunas semanas que no puedo escribir, como que no logro concentrarme, ser objetivo, razonar (de ahí el título). Pero en fin, yo qué sé... todo se estremece de vez en cuando, hasta la razón ¿no?


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Se estremecen los secos desiertos
cuando el viento los alcanza y los recorre.
También el oscuro y cautivo bosque
con el aullar de los lobos salvajes.

Se estremecen las sombras con la noche,
porque a oscuras una sombra no es nada.
Y a nosotros nos estremece la luz,
pues en ella no somos ni una sombra.

Se estremecen las flores con el frío,
si la nieve helada las amansa.
Y así se estremece la razón,
cuando el corazón la alcanza.


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jaja bonita semana ;)

Et Vull

Qué complicado es sonreír
cuando no estás conmigo.
A veces no logro concebir
qué es lo que me has hecho.

Y si lo que quiero es escribir,
sólo debo voltear a un lado.
Para poder ver que estás aquí
esperando un "te quiero".

No hay nada como hacerte reír
para ver si me inspiro.
Y si no encuentro algo que decir,
sólo hace falta un beso.

Siempre que volteo, estás ahí,
dejando escapar un suspiro.
Es así como causas en mi
todo por lo que te escribo.

Y si lo que quiero es hacerte sentir,
sólo hace falta un verso.
De esta manera podrás descubrir
todo lo que me quita el sueño.

Contigo quiero compartir
todo lo que me aguarda el destino.
Y si no encuentro un camino que seguir,
siempre estará el tuyo.

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Estoy en una sequía creativa tremenda. Espero comprendan mi situación =)

El Susurro Del Río

Si la vida tuviera un propósito, creo que ese propósito sería, simplemente, superar una serie de pruebas que el destino nos impone. ¿Con qué objetivo? En realidad no lo sé. Tal vez sea comprobar si contamos con las aptitudes necesarias para lo que sigue de esta vida, tal vez superando las pruebas es la única manera de llegar a tu Dios, tal vez nuestra alma se encuentra fragmentada y venimos a esta vida para encontrar los cachitos que nos hacen falta para completarla. Sea lo que sea, unas de las pruebas más difíciles se tratan de las pruebas que atentan contra nuestra salud emocional, es decir, aquellas que ponen a prueba nuestra capacidad de superar estados trágicos de desamor. A continuación les compartiré una historia que alguien me contó una vez, espero sea de su agrado.

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El susurro de un río. Debo estar cerca.

Corría tan rápido como mis piernas me lo permitían. Saltando troncos, levantando polvo, pisando el pasto que cubre el suelo de éste enorme bosque. Ya había atropellado a un par de insectos y sus restos se mantenían embarrados en mi rostro. No importaba, en estos momentos nada lo hacía.

A lo lejos escuchaba la misma monótona melodía. La gente se comenzaba a reunir para comenzar la fiesta, Beltane se acercaba. Yo debería de estar ahí para ayudar a encender la hoguera, pero mi capacidad de razonar se había ocultado bajo un manto de tristezas que nublaban cualquier intento de detenerme y regresar. Ya no podía parar de correr, y el río estaba cerca.

Finalmente llegué al claro donde el río encontraba reposo. El sonido que emanaba el flujo del agua me distrajo por un momento, hasta que recordé por qué estaba ahí y la busqué con la mirada.

Estaba sentada sobre un tronco. Su belleza provocaba una ilusión muy extraña en la atmósfera, haciendo que pareciera que cierta luz tenía como fuente su silueta. Era un poco menos alta que yo, delgada, con rasgos faciales que entonaban la belleza de unos ojos que parecían aún más grises cuando hacían contraste con los cabellos rojos que resbalaban hasta su cintura. Era tan blanca como la luz de una estrella, y más hermosa que cualquier mujer que verás en tu vida. Se encontraba tocando aquella monótona melodía, característica de nuestras fiestas, en su zanfoña.

Tomé asiento a su lado y sentí que una sublime tranquilidad inundaba mi alma. La miré a los ojos y ella entendió que debía poner la zanfoña a un lado. Ya sólo se escuchaba el sonido del río, el cual hacía que me perdiera en la inmensidad de sus ojos. Cuando estaba con ella. podía volver a ser yo mismo. El que siempre fui y aún debería ser. En el reflejo de sus ojos encontraba a un ser sumergido en el mayor grado de felicidad. Nada importaba ya. Sólo importaba el aquí y ahora, con ella.


Intenté tomarla de la mano, pero ella se negó a dejarme realizar el acto.


- Todo es diferente -me dijo-, tú eres muy diferente.


Y la verdad, lo era. Desde que la perdí, la amargura había tomado una fuerte presencia en mi manera de pensar, sufría de una pérdida de identidad tan terrible que sentía que ya no era digno de estar con ella. Pero tenía que estarlo. Finalmente, era por ella por lo que esperaba esta fecha cada año.


El humo de las hogueras de Beltane comenzaba a asomarse sobre la copa de los árboles en el horizonte. Ya no quedaba tiempo, la noche comenzaba a caer y ella se iría por otro año.


-Han pasado 3 años desde que me dejaste-le dije, esperando que mis palabras tuvieran una influencia positiva en ella-, soy un ser completamente diferente a aquel que despertaba a tu lado cada mañana, pero sigo amándote, y siempre lo haré.


Y siempre lo haría, mientras siguiera corriendo agua por ese río, mientras ese sonido siga entonando nuestra historia, mientras su murmullo me recuerde quién era ella.


Se asomaba la primera estrella, anochecía demasiado deprisa. Le recité poemas, canté canciones y alabé su belleza. Le dije cuánto la amaba, cómo era dueña de mi voluntad, de mis actos, de mi mirada. Aún con todo esto, no dejaba ni que la tomara de la mano. Era muy tarde, ¡se iría otro año!


El sonido del río me comenzaba a molestar. Sentía que el tiempo se me escapaba con el agua que se iba, y con el tiempo también se iría ella...


-Debo irme de nuevo -dijeron sus labios-. Podré verte dentro de otro año, pero no sé para qué sigues viniendo.


No pude aguantar e intenté besarla antes de que partiera. No lo hice a tiempo, se podría decir que sólo besé al viento. Se había ido, tal como lo hacía cada noche de Beltane desde hace tres años, cuando dejó éste mundo. Cuando murió, vine a éste claro y, en compañía del sonido que hacía el río, planté un pequeño árbol en la tierra que reposaba sobre su cuerpo inerte. Ella estaba condenada a visitarme aquí cada año, a ver cómo me alejo cada vez más de ser aquel al que amó.


Su indiferencia me mataba incluso aunque ya estuviera muerta. Añoro por tomar su mano tal como lo hacíamos cuando estaba viva, besarla con la pasión con la que siempre lo hacía. Nunca podré aprender a vivir sin ella. Era mi guía, mi compañera. Era la razón por la que me amanecía cada mañana, la razón por la que la comida me sabía tan bien, la razón por la que la vida valía la pena.


Su muerte me condenó a una existencia sin sentido. Vivo para extrañarla a diario, para ver su sonrisa representada en la belleza de los árboles, para escuchar su voz en el sonido del río.


Y me encontraba ahí, parado en aquel claro, besando al aire. Lamentando mi soledad, viviendo con el alma fragmentada, y sin posibilidad de completarla. En la muerte no encontraría consuelo, ya no soy aquel al que ama, y no estoy dispuesto a sufrir su indiferencia en la eternidad.


El humo de las hogueras ya cubría todo el cielo, y no podía moverme. La tristeza me tenía paralizado en aquel claro.


Y la melancolía de la hora era susurrada por el río.

Un tipo promedio

Nada especial, un tipo promedio. Ni tan joven, ni tan viejo. Tomará decisiones que nos afectarán a todos y mantendrá esa sonrisa que tiene, la de siempre, la que todos conocemos.

Nunca se le ha descompuesto el carro en un día lluvioso, jamás llega tarde, nunca ha tenido un ojo morado, no conoce el encierro y nunca se ha enamorado. No muchas crudas, no muchas pedas, no muchas mujeres. Nunca excede el límite, o por lo menos el límite que podemos ver todos.

Y se planta con esa sonrisa estéril, mirándonos. Luciendo correcto, siendo educado. Sin embargo, nunca ha cagado en un baño público ni ha destapado un inodoro. Nunca ha visto la mierda de los demás (y no me refiero al excremento).

Sé que algo estudió y en algo será bueno, pero no se es bueno en algo por el hecho de haber estudiado, en realidad, todos somos buenos en una cosa, estudiemos o no. Así que no es el gran cuento, es obvio que tampoco fue el mejor de su clase.

Pero ahí está, con esa sonrisa, la única que tiene. Evita el escándalo y no piensa más allá. No sabe quién es Fante, Hesse, ni Hemingway. Ni idea de Hume, Kant y Popper, (¿para qué sirven?). Si le pusieran un Miró en frente pensaría que más bien lo pintó algún niño, (bueno, tal vez yo también). Sin embargo él decidirá qué tanto invertimos en ciencia y en arte. De su criterio depende bastante el desarrollo científico y cultural que tengamos por lo menos, en seis años.

Este tipo, que no ha vivido lo que otras personas, tomará decisiones. Y su sonrisa seguirá siendo tan blanca. Tiene un buen dentista ¿sabes? Ni siquiera conoce el dolor de las muelas picadas.

Todos los días lo veo en el mismo espectacular de siempre, en los mismos anuncios y en la propaganda que se paga con mis impuestos. Me desea una feliz navidad y me invita a ejercer mi derecho al voto.

Él tomará decisiones y hará del país una fábrica de tipos promedio. Gente que no lea, que no haga deporte, que no estudie, gente que se enorgullece de usar el carril del metrobús para ahorrar tiempo. No es de sorprenderse, lo mismo hicieron con él. Es otro producto de la fábrica de tipos promedio. Lo mismo ha sido siempre. De cierta forma, él ni siquiera tiene la culpa. A él le enseñaron a sonreír y con esa sonrisa monótona, todo seguirá siendo igual.

Pero, ¿sabes? no estoy hablando de ningún candidato en particular. No estoy tirándole tierra a ninguno de los tres candidatos del momento, los que todos conocemos. Yo estoy hablando del mismo candidato de siempre y que siempre ha existido. El mismo de cada sexenio sin importar el partido al que pertenezca. Sea hombre, mujer o quimera. El mismo tipo común que quiere ser presidente en cada elección. El mismo cabrón que quién sabe cómo pudo llegar tan lejos. Esa persona que claramente no tiene principios claros. Vaya, un tipo promedio a cargo de un país.

(En fin, aquí es donde normalmente se escribe un último párrafo concluyendo algo… pero carajo, ¿qué puede concluir uno de esto?)


Bonita semana jaja

De Fútbol, Revoluciones y Algunos Desamores

Ya empieza el mes de febrero. Personalmente, enero fue un mes muy interesante. Tuvimos mucho fútbol, algo de cine, enormes polémicas causadas por el FBI con el cierre de ciertas páginas de internet, una amenazante ACTA, la "crisis nuclear" (por así decirlo) de Irán y, en mi caso, algunas desilusiones y, sobre todo últimamente, antiguas pasiones que vuelven a emerger.

Escogí ésta ocasión para comunicarme con ustedes de una manera más directa. Tal vez tendremos un diálogo menos formal, menos seco, y con más opiniones. Sobre todo con el tema que pienso desarrollar en la segunda mitad del texto. Hablaré sobre un tema actual, y posteriormente expondré un poco de lo que pienso en cuanto al tema de mayor influencia en los estados de ánimo depresivos en la juventud: el desamor.

De Fútbol y Revoluciones

"Al menos 73 personas han muerto y 136 han resultado heridas por los enfrentamientos entre seguidores de dos equipos de fútbol egipcios en Port Said".

Así se leía la noticia en MedioTiempo. Se oye muy mal, ¿no? Digo, son 73 personas que fueron al estadio a olvidarse un rato de lo aburrido de la rutina. El video es horrible. Personas con el rostro totalmente desfigurado, gente corriendo por todos lados, una total anarquía de la moral.

¿Y qué es lo primero que pensamos? "El fútbol es un deporte de gente agresiva" "Es super peligroso ir a los estadios en todo el mundo" "Pinches nacos".

No sé hasta qué punto sean válidas o no éstas opiniones en la mayoría de los casos. Pero en éste caso en particular, me atrevo a decir que no se debe a una especie de imitación del hooliganismo europeo o de las barras latinoamericanas. Creo que el problema va un poco más allá.

Cabe recordar que Egipto es un país que hace apenas unos meses sufrió una Revolución, tirando el régimen de Mubarack. Tal vez en occidente, la creencia común es que países como éste "ya están bien" porque creemos que una Revolución conlleva a una democratización del Estado. O al menos así nos lo han pintado. Sin embargo, en Egipto se vive una muy seria crisis.

Los jóvenes que llevaron a cabo la Revolución Egipcia viven con un sentimiento de inconformidad, ya que los partidos islámicos fueron los ganadores a la hora de votar, no los partidos cuya estructura se asemeja más a los occidentales. Derramaron tanta sangre para llegar a un Estado Islámico, y no a un Estado Moderno. He ahí el problema.

A lo que voy es que todo esto tiene como resultado una crisis social enorme. Hay cierto grado de ingobernabilidad en ciertos grupos de los que se encuentran inconformes, llevando a algunos actos de delincuencia. A mi parecer, y es una opinión muy personal, todo esto desencadenó lo que sucedió en el estadio de Port Said. Es el reflejo de la crisis social y la impotencia que sufre el pueblo egipcio.

¿Ven a lo que llego por defender el fútbol?

El Desamor


Últimamente he estado pensando mucho en esto. El último año se podría decir que estuve sumergido en un estado de desamor impresionante. A donde iba, arrastraba la melancolía conmigo. He de decir que estuvo lejos de ser mi mejor año, pero creo que ya me he deshecho de las viejas ataduras que me mantenían en el pesimismo. Por eso es por lo que al fin me siento libre de hablar de esto.

El desamor se puede definir como "la falta de amor hacia alguna cosa u objeto" o como "enemistad". Para expresar las opiniones que leerán a continuación he tomado en cuenta sólo la primera definición. Así mismo, tomaré la palabra "falta" como un sinónimo de "carencia". Y toda carencia implica una necesidad. Sin embargo, "necesidad" no es lo mismo que "falta", porque necesitamos tanto lo que tenemos como lo que no tenemos.

Entonces, comenzaremos con una sencilla pregunta. ¿No tenemos todos necesidad de amor?

Los hombres no somos sólo "una cosa que piensa", estamos determinados por nuestras circunstancias. Y, como un ser que se desarrolla forzosamente dentro de una sociedad, nuestra circunstancia determinante es la convivencia. En la convivencia es inevitable la aparición del amor, ya sea por el ideal que las películas y la televisión han inculcado en nosotros, ya sea por la influencia de novelas románticas, o por el simple proceso químico que se lleva dentro de nosotros.

Cuando una persona ama, es necesario que se una a la realidad amada. Es decir, que la persona sea correspondida por aquel ente al que ha decidido amar. Sin embargo, en muchísimos casos es común que en la realidad del ser amado no figure la presencia del amador*. Es aquí cuando se produce el desamor.

El desamor trae como consecuencia melancolía, depresión, soledad y, en algunos casos, un cierto grado de la pérdida de identidad. Hay casos arraigados de personas que llegan a quitarse la vida a causa de esto. Me limitaré a decir que son personas estúpidas que perdieron el sentido de la realidad.

Yo mismo he sufrido de un grave desamor, pero aquí sigo escribiéndoles. Puedo decir que la melancolía ha pasado a formar parte de mi personalidad, sin embargo, esto no me ha hecho alejarme de mi realidad y mucho menos olvidarla. Mi realidad es que vivimos para ser felices, siendo amados por una mujer hermosa, nuestros amigos, o, en el caso de algunos, por su Dios.

Que una realidad amada sea la deseada no quiere decir que sea la correcta. Creo que todos somos capaces de controlar de quién nos enamoramos. Es muy diferente sentir una enorme atracción por alguien a enamorarse.

Así que, ¿qué esperas? Estamos empezando febrero con todo y estás ahí sentado leyéndome. Sal y logra que esa persona se vuelva parte de tu realidad. O simplemente aprende a enamorarte del viento, de la lluvia, de la noche... De la vida.


El desamor siempre estará esperando para pasar a formar parte de ti. Tú tienes la elección de dejar que pase a formar parte de tu realidad, o que no lo haga.

Gracias por leerme y apoyarnos. =)

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Prometo no volver a ser así de cursi en mucho rato.
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*No estoy seguro de haber empleado éste término correctamente.